El dolor se disipa a cada día que pasa. Mi alma se libera de sus cadenas, lo que no quiere decir que mi corazón haya dejado de latir.
El frío se vuelve templado y la templanza regresa a mi cuerpo.
Mi vida, de nuevo en mis manos, tiembla con ganas de arrasar con todo. Como si de un terremoto se tratase, va rompiendo sentimiento a sentimiento y recuerdo a recuerdo.
Déjame escribir, déjame volar.
TB.