jueves, 26 de junio de 2014

Puta mierda.

Si fueran las raíces de este árbol que un día ardió y ahora no vive las que escribieran un texto en este espacio, sin duda, contarían cuán difícil fue el arder. Aun así, el arder era placentero comparado con el morir, con el no poder agarrarse a la vida. Pues la vida es la felicidad, son las ganas de levantarse por la mañana y se han desvanecido.
Mientras uno arde, aunque duela, es capaz de ver aún qué es lo que tiene alrededor y de valorarlo como se merece. Sin embargo, cuando el fuego acaba completamente con el interior del tronco y las ramas, cuando ya no quedan hojas con las que respirar... Esa sensación... Es como una contínua ahogadilla que no te deja ver el exterior. Como un querer abrir los ojos y tenerlos grapados. Cuanto más intentas fijarte en lo bueno, en lo positivo, más duele, más sangras.

Ya no sé de cuántas maneras más voy a ser capaz de expresar el mismo sentimiento.
TB.