Cada vez que un silencio entra en escena, mi corazón se rompe en mil pedazos sin poder evitarlo. Esa falta de información se traduce en falta de amor y muero por dentro... Otra vez.
Para ser sincera, estoy cansada. Estoy muy muy cansada. Cada día que pasa me doy cuenta de que da igual lo que me esfuerce, que la vida siempre me devuelve lo mismo: fuego y dolor.
Mi cuerpo, intentando apagar esa llama ardiente comienza a derramar lágrimas, pero no es suficiente. Es como intentar apagar un gran incendio con un cuentagotas.
Y si no soy capaz ni de calmar el odio y el dolor en mi interior, a dónde puedo ir? Cual es mi rumbo? Todas esas pistas falsas que no dejan de aparecer me despistan demasiado.
El navío de mi alma entra en tormenta una vez tras otra y el color caoba de mis ojos se va apagando como una vela al amanecer.
No conozco la muerte, pero a veces me gustaría hacerlo. Encallarme en un rocoso arrecife y morir bajo el mar como muchísimos grandes piratas hicieron tras todas las batallas ganadas.
Supongo que será mi forma de ser la que me mantiene bajo las olas enormes de un mar hambriento, supongo que al fin y al cabo soy yo la que no deja de cambiar el rumbo por razones estúpidas y al final termina perdiéndose en la inmensidad azul.
Bah, si ni siquiera soy capaz de escribir un número elevado de líneas acerca de mis sentimientos aunque la intensidad de estos sobrepase con creces la línea de lo normal.
Dí que normal, lo que se dice normal, no ha existido nunca nada en mi interior. Debo haber sido arrastrada desde alguna cueva en alta mar donde la felicidad no existe y los malos augurios y sensaciones bailan noche y día, almas perdidas vagando en la desesperación y en la agonía, porque tan sólo las vistas al mar, su sonido y su olor son capaces de curarme.
TB.