Ni siquiera mi interior quiere escucharme ya. No quiere recibir ni un mensaje, ni una llamada de socorro, ni un grito de dolor.
Me han arrancado la mitad del corazón y se lo han llevado sangrando en una caja de cartón que, empapada en carmín, puede ceder en cualquier momento y dejar que éste se estampe contra el suelo.
La otra mitad no deja de preguntar por lo que le falta. Por las noches llora y durante el día intenta mantener el tipo, pero terminará por morir.
Tarde o temprano morirá.
TB.