Esa sensación que produce un vacío existencial que te come por dentro y termina devorándote también por fuera. Un fallo en la salud, una lágrima en el alma y vuelta a caer. Caída libre en el olvido, en la soledad. Lejos de todo. Tan sólo tú y tus ganas de morir. Vomitando las ansias de volar, las ansias de progresar y atándote cada vez más a la desesperación que te va arrancando la piel a tiras.
Al final, sin darte cuenta, ahí estás. Ni muerto, ni vivo.
Es esa situación que se repite. El mismísimo infierno.
La vida enfrascada en un tarro que se rompe una y otra vez.
TB.